jueves, 21 de junio de 2012

El poeta malo



Una vez conocí un joven poeta malo, pero malo, malo.

Escribía cosas como: Cuando mi corazón te ve, siento que el humo del volcán más alto merodea por mis pies. 

Para mí era una tortura leerle. Él escribía todos días, llegaba con versos como: El Sol se fatiga montado en su bicicleta azul de días, para calumniar a la noche con su sequía.
Escribía cosas así, era malo, tan malo que hacía las metáforas más absurdas. Veía la vida de atrás para arriba, y a la muerte la veía como una delicia. Era extraño podía decir algo así: "Golpéame en la frente con el beso de la muerte, oh manzana exquisita.

- Yo decía para mis adentros: Será masoquista... dice que quiere que le den un golpe en la frente o se quiere morir.
Ay no, ese poeta me da miedo!

Tenía obsesión con la noche, parecía vampiro, de vez en cuando repetía: "Eran una noche fría, tus ojos negros de vida"
A veces estaba insoportable, escribía: "Y en un septiembre viajero te llevo, como piercing de ombligo creado por luceros"
Así hablaba este joven, absurdo, absurdo, como esto otro:
Apareciste en mi vida gris para cambiar las lenguas del karma que me vestían de arlequín.
Qué cosas decía este poeta! Él no entendía nada de la vida, estaba loco, totalmente loco, pero yo lo leía.

Ahora todo cambió, ya han pasado varias lunas de queso y tenemos un cielo con paredes de mármol sonrisa. Nos mudamos a la cornisa del magenta en donde los sauces no lloran y las estrellas se vuelven comestibles cuando miramos la llovizna. Compramos un unicornio inmenso, y me besa los ojos cuando amanece su cara en mi pequeño retoño.










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