martes, 29 de mayo de 2012

Incompleta


                                                                       












Un accidente registrado en la calle Metrópolis #34 de la Avenida Tresemor Toise, indica que hay tres heridos y un muerto.






Nunca antes caminé sobre la tierra como hoy. Es justo lo que pensé cuando miré a mi alrededor y vi que me faltaba un brazo. Acababa de salir del hospital y no estaba preparada para el mundo. Todo parecía un sueño desde el accidente, no quería recordar nada, pero era imposible.
Esteban miraba mi vendaje y sin un destello de sonrisa en la boca me acompañó al auto. El viaje fue silencioso, llovía, el cristal estaba empañado. Un lunes como ese no se repetiría jamás, volví a la vida con un solo brazo (no podía sacar ese dato de mi mente). Al llegar a casa, subí los dos primeros escalones del pórtico y lo primero que hice fue pensar en que ni siquiera iba a poder abrir la puerta como un ser humano normal. Esteban lo hizo por mí. Me dijo que me recostara un poco y que estaría conmigo en cuanto terminara de preparar algo de comer.

Subí los escalones, el pasillo se me hizo interminable, hasta que llegué a mi cuarto. Todo estaba como lo dejé, excepto que ya no estaba mi computador, ni mi piano blanco. Eso para mí fue desgarrador. Era el peor día de mi vida, la realidad se volvió una pesadilla.

Grité, grité tan fuerte que Esteban llegó a mi cuarto en un santiamén.

--Qué te pasa? Qué tienes?
Tranquilízate Fabiola, tómalo con calma, debes ser fuerte. Demuéstrame que puedes vencer todo esto.

Yo no paraba de llorar, tenía la cara metida en la almohada para ahogarme en llanto y gritar, quería gritar, gritar tan fuerte como pudiera.

Dos ruidos seguidos, me levantaron, me había quedado dormida.

Era Mariana, mi mejor amiga, había tocado en la puerta. Entró tranquilamente sin ningún indicio de lástima en la cara, al contrario, sonreía.

-- Me trajiste chocolates, libros o me vienes a hablar de lo horrible que me veo?

-- No, Fabiola, sólo vine a verte y a estar contigo. Las tragedias pasan, la vida sigue, debes dar las gracias.

-- Gracias! Já, gracias de qué, no me hagas reír. Estoy casi muerta! Quiero morir! Quiero morir!
Ya no sirvo, soy un mounstro, se arruinó mi vida. No quiero saber de nada! Vete! Lárgate!
Te dije que te fueras, Mariana! No seas hipócrita, ve y cuéntale a Rodrigo que ahora soy una manca, que me falta un brazo, que ahora soy un adefesio del infierno. Dile que ahora no puedo llevar el anillo de compromiso, que la boda está suspendida.
Tú, él, todos, púdranse! Púdranse!


-- No, Fabi, Rodrigo ya no está, no podré decirle...



Días después, Fabiola ya daba sus nuevos saltos musicales en el piano, esta vez de manera distinta, con la mente renovada y librada de espanto. Puso en marcha su plan, estudiando intensamente, arreglando las piezas musicales para poder tocarlas solamente con su brazo izquierdo, como lo hizo alguna vez, Paul Wiittgenstein.



Sábado, 20 de abril de 2014. El Teatro los Vigilantes, se complace en anunciar el magno concierto "Las Musas Menguantes de Alcalá" con la joven prodigio Fabiola Mendoza Escribano. 
















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