jueves, 10 de mayo de 2012

Ella



Ella mira sin mirar.
Tiene un espejo en la mirada.
El humo de la cuidad 
no la daña.
La maldad no la espanta.
Conoce que las calles
tienen historias
pertenecientes a la nada.
El pasado no la toca
ni puede quebrantarla.
La fragilidad es su fuerza,
no necesita tierra fértil
para ser flor,
ni ser Sol naciente
para acariciar el alba.
No le teme a las alturas,
ni le sorprende lo sombrío
del vaivén,
porque conoce de encrucijadas.
Tiene en la boca la verdad
para cuando necesite usarla.
Desmiente lo que dicen
de ella,
con sólo callar mientras hablan.
Puede romper los esquemas
que neutralizan las palabras.
Ella se suspende entre
las cadenas
con la cuidad
a sus pies y la sonrisa
empañada.
Sabe que la esperan a las diez
para cantarle a la Luna
lo que le cuenta la nana.
Tiene el discernimiento
que le dicta la mañana.
Se queda suspendida en su cielo,
aunque no encuentre morada.
Sólo quiere disfrutar
del momento,
con caramelos envueltos,
que penden de metáforas.







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