viernes, 13 de abril de 2012

Por eso creo, por eso escribo...



         Creo intensamente que puedo durar milenios escribiéndote. No es fácil decir lo que mi alma grita sin gritarlo, tampoco es sencillo disparar a quema ropa lo que sin culpa alguna me dicen tus ojos. No quiero gastar ni un segundo de lo efímero para decirte que en cada pálpito te llevo. No pretendo hablarte de lo que ya sabes a ciencia cierta, tampoco quisiera decirlo todo. Es verdad que eres apto para culminar todos mis enojos, pero no fue a eso que vine a mis letras. Es tanto el capricho de amar la adrenalina que surca por mis dedos que no puedo esconder que sacudes cada neurona de mi cerebro. No verás en mis ojos la mentira como la ves en el silencio. Aquí solo muestro para tí cada uno de los fragmentos de mis noches en desvelo, fraguando gerundios a destiempos. Si vieras lo que hago cuando escribo mis mejores días contigo, te quedarías corto de palabras y llorarías de alegría conmigo. Quizás en mis secretos te daría la abundancia de los sueños, fuera de ellos te daría todo lo que no tengo. Es así, creyendo, que puedo entenderlo todo sin saberlo. Me bastó una mirada para ver todos los siempres en los quizás. El saber que existes, fue justo lo que necesité para querer toda mi existencia contigo. Me bastó robar cada respiro de un suspiro para saber que esto no es un crimen si tiene destino. Todo sigue igual en el cielo, la Luna cambia a menguante y se eclipsa de vez en cuando, aquí no ha pasado nada nuevo. Si no estás las paredes me llaman, y un gato negro en el que no creo, me persigue para recordarme que la mala suerte no existe desde que llegamos a esta vida a vivir nuestro encuentro.

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